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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Tossa de Mar (Girona)

TOSSA DE MAR La masificación turistica de la Costa Brava gerundense, espacio mítico a caballo entre el Empordá y la Selva, hace que se diluya en cierta medida la importancia histórica y patrimonial de algunos de los viejos pueblos que antaño la defendieron de piratas e invasores. De la costa norte catalana conozco varios de estos pueblos, como Lloret, Sant Feliú, Portbou, Calella, Roses y Tossa, y es esta última la que ocupa un lugar de honor en mi recuerdo, …

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TOSSA DE MAR
La masificación turistica de la Costa Brava gerundense, espacio mítico a caballo entre el Empordá y la Selva, hace que se diluya en cierta medida la importancia histórica y patrimonial de algunos de los viejos pueblos que antaño la defendieron de piratas e invasores. De la costa norte catalana conozco varios de estos pueblos, como Lloret, Sant Feliú, Portbou, Calella, Roses y Tossa, y es esta última la que ocupa un lugar de honor en mi recuerdo, ya que cuenta con el emplazamiento, el paisaje y el patrimonio más notable de todas ellas, sin desmerecer por supuesto a las demás. Por suerte, el emplazamiento del sector más antiguo de la villa, sobre una peña que se asoma a las aguas del mar, ha evitado la especulación intramuros y ha preservado la calidad urbana original. La milagrosa comunión entre el brillante arenal que cubre la bahía, la muralla y el caserío, de piedra y encalado, hacen del extremo sur de su larga playa uno de los lugares más fascinantes de toda la costa mediterránea. En su perfil destacan los torreones de la única vila closa conservada en la costa catalana, emplazamiento milenario que estuvo vinculado en sus inicios a una vieja donación a Ripoll, cuyo abad mandara levantar el primitivo castillo en el siglo XII, siendo este el punto de partida del poblamiento estable de la villa.
Se diferencian al menos tres sectores urbanos importantes en Tossa: la villa medieval, vila closa desarrollada entre los siglos XII y XIV, amurallada, con fachadas de piedra desnuda, de calles y cuestas serpenteantes, y que protegiera de ataques a los habitantes de Tossa; la villa marinera, vila nova desarrollada en el siglo XVIII, encalada y que se abrió al norte de la vieja muralla; y la ciudad moderna, que ocupa la totalidad de la playa y jalona por ambos lados la Riera de Tossa, uno de esos lechos torrenciales que casi nunca corre y que, cuando lo hace, no deja a nadie indiferente. La playa es amplia y hermosísima, ocupa una preciosa bahía que ha excavado el agua con paciencia entre los míticos acantilados que han hecho brava a esta costa. A la espalda de Tossa se extienden los bosques frondosos que alfombran el accidentado paisaje de sierras que se prolongarán por les Gavarres y Montnegre y más allá hasta tocar los Pirineos, relieve que ha dificultado desde siempre las comunicaciones y el acceso hasta el lugar. No en vano, la carretera de Tossa a Sant Feliú de Guíxols es uno de los más bellos recorridos de las tierras catalanas.
© 2017 Jaime Tello García


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