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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Torla (Huesca)

TORLA Llegué a Torla con el ocaso pisándome los talones, y no tuve mucho tiempo de disfrutar, no sólo de sus calles sino tambien de su fascinante entorno, un entorno monumental natural que es el valle de Ordesa, que asoma en su espectáculo poco más al norte del pueblo. Sí tuve tiempo suficiente, aunque no demasiado, para recorrer sus calles y plazas y disfrutar de la arquitectura de este pueblo viejo que ha sido muy transformado por la avalancha de …

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TORLA
Llegué a Torla con el ocaso pisándome los talones, y no tuve mucho tiempo de disfrutar, no sólo de sus calles sino tambien de su fascinante entorno, un entorno monumental natural que es el valle de Ordesa, que asoma en su espectáculo poco más al norte del pueblo. Sí tuve tiempo suficiente, aunque no demasiado, para recorrer sus calles y plazas y disfrutar de la arquitectura de este pueblo viejo que ha sido muy transformado por la avalancha de turistas y nuevos residentes, comprensible ante tanta maravilla que lo rodea. Torla es la puerta de Ordesa y por ello corre el riesgo de ser dejada atrás por aquellos visitantes que buscan sólo la experiencia del Parque Nacional, careciendo de tiempo o interés por conocer el pueblo. Torla es un pueblo de frontera, pero no uno de esos de fácil acceso plagados de supermercados y tiendas para franceses, más bien vive aislado del Vignemale francés. Aquí se vivió en el pasado del contrabando de mercancías y, durante periodos bélicos, también de personas entre Francia y España. Hoy es un conjunto urbano de excepcional arquitectura pirenáica. Casas grandes de piedra y gruesos muros, con tejados en marcada pendiente y chimeneas troncocónicas. La iglesia actual, del siglo XVI, se alza en el extremo oriental, junto al curso del Ara, sobre una roca que marca la presencia del antiguo castillo, la Torre que guardaba el paso de este profundo valle y que estuvo en el origen del propio topónimo. A su espalda, un buen número de casas señoriales y blasonadas, la bellísima Plaza Mayor y el conjunto de calles, estrechas y sombrías. El cielo con frecuencia gris y plomizo que tanto abunda en estas tierras montañosas, no hace sino acrecentar la mágica experiencia que supone pasear por este pueblo medieval en el que, hasta hace dos días, debió vivirse la dureza del aislamiento y del clima extremo y que hoy resurge de la mano del turismo y la modernidad.
© 2017 Jaime Tello García


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