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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Segovia (Segovia)

SEGOVIA Tengo casa cerca de Segovia, en Navas de San Antonio. Y voy con mucha frecuencia a la ciudad. Y nunca me canso. En cada visita descubro un nuevo detalle, un hecho de su historia que engrandece su leyenda, la de su inabarcable patrimonio y su belleza inconfundible. Pocas ciudades en el mundo pueden jactarse de ser tan singulares como Segovia. Piezas únicas de un patrimonio milenario. Segovia es un navío, una punta de lanza entre los ríos Clamores y …

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SEGOVIA
Tengo casa cerca de Segovia, en Navas de San Antonio. Y voy con mucha frecuencia a la ciudad. Y nunca me canso. En cada visita descubro un nuevo detalle, un hecho de su historia que engrandece su leyenda, la de su inabarcable patrimonio y su belleza inconfundible. Pocas ciudades en el mundo pueden jactarse de ser tan singulares como Segovia. Piezas únicas de un patrimonio milenario. Segovia es un navío, una punta de lanza entre los ríos Clamores y Eresma que mira al norte y da la espalda a la Sierra de Guadarrama que le sirve de escenario. La imagen de la ciudad es inolvidable desde los campos al sur o desde la carretera de Arévalo, paisaje de cereal sobre los que despunta el alcázar y la catedral y los tejados de esta ciudad maravillosa. Además, Segovia tiene la gran fortuna de estar encajonada y rodeada de perspectivas, desde el Parador o Zamarramala o el propio Alcázar o desde la Ermita de la Piedad.
En mi opinión, Segovia ocupa un puesto de honor en el cuadro de ciudades monumentales de España, compartiendo podio con Toledo, Girona y Córdoba. Excepto esta última, los cascos históricos de las anteriores, y también de Segovia, ocupan un espacio de difícil orografía, que ha quedado excéntrico respecto a las nuevas centralidades determinadas por el transporte y el comercio, y quizá por esto han llegado casi intactos al siglo XXI. Segovia ha sido castro celtibérico, asentamiento romano, sede episcopal visigótica, ciudad musulmana y la Segovia de las tres culturas que es, en buena medida, la que llega a los tiempos actuales. Romana, románica y gótica, renacentista y a veces, neoclásica, la pequeña ciudad de provincias es consciente de albergar la inmensidad que su historia le ha legado. Y no sólo en su casco histórico, también los conventos y monasterios extramuros o el mágico entorno de San Lorenzo. La incomparable belleza del Santuario de la Fuencisla y su arco que, junto al convento sepulcro de los Carmelitas, forma parte de un entorno único desde el que el Alcázar parece precipitarse sobre el lecho del Eresma.
Es difícil encontrar en Segovia un rincón que rompa la magnífica armonía del conjunto medieval de sus calles, plazas y fachadas. Incluso las intervenciones más recientes han sido respetuosas con su paisaje urbano, excepto en el sector noreste donde pareció haber una mayor despreocupación. En cualquier caso, es una ciudad que invita a perderse por su casco viejo, y da igual hacia donde nos dirijamos, encontraremos siempre lugares fascinantes. Como en tantos pueblos y ciudades monumentales, la estructura urbana de la ciudad antigua ha quedado determinada por un gran eje que recorre el corazón de la ciudad y "transporta" al visitante en un viaje hacia los grandes hitos monumentales. En este caso, es la Calle Juan Bravo, entretenida vía comercial cuyas prolongaciones comunican el Acueducto y el Alcázar pasando por la Catedral, la Casa de los Picos y la Plaza Medina del Campo, puntos todos ellos de máximo interés en la visita a la ciudad. A ambos lados de esta pequeña Gran Vía segoviana se abren los barrios que completan el casco histórico, de especial interés la judería que hace honor a la tradición con su difícil entramado urbano que, además, tiene que adaptarse al terreno. Cierra el conjunto una muralla que se conserva en gran parte cuyo máximo interés se encuentra en las puertas que aún se conservan, la de San Andrés, al sur, la más rotunda y bella que junto a la Casa del Sol, actual Museo Provincial, forma otro punto de interés con una vista fabulosa sobre la Catedral y la sierra.
© 2017 Jaime Tello García


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