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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Rasueros (Ávila)

La Moraña abulense guarda un tesoro tan valioso como desconocido para el gran público: la belleza del ladrillo, del mudéjar casi omnipresente en sus construcciones, en sus casas, en sus iglesias, ayuntamientos y edificios más relevantes. Rasueros no es una excepción. Es este un pequeño pueblo perdido en la tierra milenaria e inhóspita del cereal castellano, asentado junto al cauce del río Trabancos, en un suave meandro aparecido en su tránsito hacia el norte en busca del Duero. Se encuentra …

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RASUEROS
La Moraña abulense guarda un tesoro tan valioso como desconocido para el gran público: la belleza del ladrillo, del mudéjar casi omnipresente en sus construcciones, en sus casas, en sus iglesias, ayuntamientos y edificios más relevantes. Rasueros no es una excepción. Es este un pequeño pueblo perdido en la tierra milenaria e inhóspita del cereal castellano, asentado junto al cauce del río Trabancos, en un suave meandro aparecido en su tránsito hacia el norte en busca del Duero. Se encuentra en una posición estratégica, casi equidistante de Ávila, Valladolid y Salamanca, y cercano a los centros comarcales de Medina del Campo, Arévalo y Peñaranda de Bracamonte. La Iglesia, del siglo XVII, con una preciosa torre románico mudéjar del siglo XIII, se asoma al cauce del Trabancos y ocupa, según algunos estudios, el solar del viejo castillo del Conde Rasura, tristemente perdido. Los indicios sobre la presencia de la fortaleza parecen indicar el origen defensivo del poblamiento de Rasueros, al avanzar la repoblación sobre los antiguos dominios musulmanes en esta difícil tierra llana. A la espalda del templo se extienden las calles y las casas, las tapias, los corrales, las plazuelas y la ermita, lejana y a la vez integrada en el casco urbano formando un rincón pleno de belleza. Incomprensiblemente, y como en todos y cada uno de los pueblos de esta vieja Castilla que se empeña en perder su memoria e identidad, van apareciendo en el pueblo, por ahora de forma aislada, algunas casas no ya rehabilitadas, sino de nueva construcción que han venido a sustituir a la valiosa arquitectura tradicional morañesa y que, poco a poco, engullen el paisaje urbano que a Rasueros y a tantos otros pueblos le ha llevado siglos crear, con mimo y dedicación, y que se está perdiendo para siempre. No alcanzo a comprender la laxitud con la que administraciones y ciudadanos han asumido, en Castilla, la pérdida de su patrimonio arquitectónico. Pueblos enteros, magníficamente conservados, como el zamorano de Villalonso, por ejemplo, que corren el riesgo de perder su identidad ante la aparición de ese pareado o de esa casa de vacaciones que lo desfigure para siempre. ¿Alguien se imagina un edificio de ladrillo moderno, con terraza, incluso con cochera, en los recintos históricos de Santillana del Mar, o de La Alberca, o de Albarracín? ¿Porqué se permite, cuando no se promueve, este proceso lamentable en pueblos menos monumentales?. En el caso de Rasueros no es ni de lejos alarmante, pero quería aprovechar estas líneas para expresar mi estupor al respecto.
© 2017 Jaime Tello García


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