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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Narros del Castillo (Ávila)

NARROS DEL CASTILLO El caserío y la torre de la Iglesia de Narros del Castillo despuntan entre las suaves colinas morañesas cercanas a la nueva autovía. Entre la carretera y el pueblo se atraviesa, de improviso, la vía férrea que comunica Ávila con Salamanca y que mantiene su servicio por no se sabe cuanto tiempo más. La electrificación de la vía por Medina amenaza el paso del tren y la parada en el pueblo de un único convoy diario. La …

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NARROS DEL CASTILLO
El caserío y la torre de la Iglesia de Narros del Castillo despuntan entre las suaves colinas morañesas cercanas a la nueva autovía. Entre la carretera y el pueblo se atraviesa, de improviso, la vía férrea que comunica Ávila con Salamanca y que mantiene su servicio por no se sabe cuanto tiempo más. La electrificación de la vía por Medina amenaza el paso del tren y la parada en el pueblo de un único convoy diario. La estación mantiene su porte en buen estado de conservación y junto a ella, unos cuantos silos de lo más fotogénico bajo el sol de una cálida tarde de verano. A espaldas del edificio se abre un campo infinito que toca en su horizonte con el perfil de las sierras abulenses. El ferrocarril trajo prosperidad y con lamento sirvió de salida para los tantos narreños que buscaron su futuro en la ciudad. Menos de doscientos vecinos habitan sus casas en los primeros años del siglo XXI, lejos de los más de ochocientos que alcanzó en los años 60 del siglo XX. Muchos de los que marcharon vuelven por San Juan y la Merced, fiestas que abren y cierran el verano, o por las Águedas, tradición profunda en el sur de Castilla. Los antiguos vecinos, los hijos y nietos del pueblo vuelven entonces a pasear por sus calles, a disfrutar de sus viejas casas y de las relaciones que se han tejido durante décadas. Y mantienen la memoria de un pueblo con más de ocho siglos de poblamiento. Naharros de Bebán es el topónimo del primer asentamiento, allá por el siglo XIII, y que hacía referencia a una "puerta fortificada". Algo posterior es la obra de la Iglesia de San Juan Bautista, arte magnífico románico-mudéjar que ha dado gran fama a la comarca de la Moraña, construida enteramente en ladrillo al igual que otros edificios del pueblo que manifiestan la tradición constructiva medieval. El ábside de tres pisos y doble arquería es el paradigma de esta técnica y se repite en un buen número de pueblos ubicados entre Arévalo y Peñaranda. El edificio se alza sobre las ruinas de una antigua fortaleza, levantada en canto y argamasa en la cota más elevada del casco urbano, dominando el amplio territorio que se abre a sus pies. Desde la torre, erigida en el siglo XVI, se gobernaba a buen seguro hasta la frontera con el viejo reino de León, cuyas luchas con Castilla causaron no pocas escaramuzas en este lugar. A los pies del conjunto iglesia-fortaleza se abren las calles que estructuran el casco urbano de Narros, a las que se asoman edificios de diversos estilos. El ladrillo abunda, al igual que el encalado, y algunas casas modernas e impersonales adornan con su presencia el conjunto heterogéneo e indican la persistencia de algunos narreños por enraizar en su pueblo. Lo más emocionante del paseo por Narros es poder disfrutar de la calma que transmite la contundencia de sus campos salpicados por los escasos árboles que sobrevivieron a la leyenda visigoda: la ardilla que cruzaba la península de rama en rama hoy lo tendría algo más difícil por estas tierras, y sin embargo la desgracia del animal ha generado un paisaje fascinante que es pura Castilla.
© 2017 Jaime Tello García


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