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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Muñogrande (Ávila)

MUÑOGRANDE No es nada fácil en los tiempos que corren sorprenderse de la manera en que me sorprendió Muñogrande al pasear por sus calles. El nombre del pueblo me resultaba familiar, ya que en mis frecuentes viajes a Salamanca había dejado atrás una y mil veces el desvío desde la vieja nacional, carretera que ahora se ve desierta frente a la pujanza lógica de la nueva autovía. La entrada al casco urbano, sencilla y espartana, no parecía anunciar la riqueza …

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MUÑOGRANDE
No es nada fácil en los tiempos que corren sorprenderse de la manera en que me sorprendió Muñogrande al pasear por sus calles. El nombre del pueblo me resultaba familiar, ya que en mis frecuentes viajes a Salamanca había dejado atrás una y mil veces el desvío desde la vieja nacional, carretera que ahora se ve desierta frente a la pujanza lógica de la nueva autovía. La entrada al casco urbano, sencilla y espartana, no parecía anunciar la riqueza de sus calles y sus casas. Un pueblo en el que abundan las casas viejas, incluso arruinadas, y pienso con mala idea que ojalá eso no cambie, que a los vecinos de Muñogrande, a los herederos de sus fincas no les dé un día por tirar la casa familiar para levantar uno de esos horrendos chalets que florecen como una plaga en la Moraña, en Ávila y en los pueblos de Castilla entera. Esa es la magia de Muñogrande, un paisaje rural en estado puro en el que se dan la mano los campos inmensos que se abren al sur del pueblo, tierra ondulada de arroyos que tributan al Arevalillo, con el telón de fondo serrano, y todo ello sembrado por las construcciones que conforman el casco urbano.
Muñogrande son cuatro calles, poco más de medio centenar de vecinos bien comunicados con el mundo exterior. Aparte del acceso por la nacional, andan cercanas la nueva autovía al sur, encerrando el caserío entre asfalto, y al norte la vía férrea hacia Ávila y Salamanca que, al parecer, contó con estación en el pueblo, tristemente desaparecida no hace tantos años. El poblamiento del lugar es muy antiguo, iniciado tras la reconquista al igual que el resto de la comarca. El mismo topónimo, cuyo prefijo Muño- se repite con frecuencia, parece ser de origen vascón y hace referencia al caudillo de los primeros pobladores, Munio Echaminzuide, que dirigió la reconquista de este territorio proveniente del norte de la península. La Iglesia de San Andrés es el edificio más destacado del pueblo, construcción sencilla levantada en ladrillo y junto a la antigua panera. Al sur del edificio se abren las mejores vistas hacia el enorme valle que alcanza hasta San Pedro del Arroyo y, más allá, hasta las estribaciones serranas. Por lo demás, el depósito de agua, el modesto ayuntamiento enfrentado a una fuente que ya no mana, las callejas y plazuelas de un pueblecito de paisaje decadente y romántico que remite a un tiempo perdido que, por suerte, se mantiene incorrupto en tierras de la Moraña abulense.
© 2017 Jaime Tello García


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