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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Lanuza (Huesca)

LANUZA La resurrección de un pueblo es posible, y se ha hecho realidad en Lanuza. La burocracia estuvo a punto de llevarse por delante los siglos de historia de unos muros que, finalmente, resistieron el envite de unas aguas que nunca llegaron a tocarlos. En el año 1978 marchó el último de sus vecinos. El pueblo cayó víctima del abandono y el expolio. La tenacidad de los hijos de Lanuza hizo posible la rehabilitación de sus casas en los años …

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LANUZA
La resurrección de un pueblo es posible, y se ha hecho realidad en Lanuza. La burocracia estuvo a punto de llevarse por delante los siglos de historia de unos muros que, finalmente, resistieron el envite de unas aguas que nunca llegaron a tocarlos. En el año 1978 marchó el último de sus vecinos. El pueblo cayó víctima del abandono y el expolio. La tenacidad de los hijos de Lanuza hizo posible la rehabilitación de sus casas en los años 90, y la rehabilitación del casco urbano para convertirlo en la pequeña joya pirenaica que es. Cualquier persona ha de sentir la pérdida de sus raíces, y resulta del todo legítimo el anhelo por recuperarlas. No hace falta ser de Lanuza para sentir en lo más hondo la pérdida de un emplazamiento tan excepcional como este, y brindo por el esfuerzo de todos los que han colaborado en conseguir su recuperación.
El pueblo tiene una larga historia, que se remonta al menos al siglo XV. Parece que el topónimo de origen celta lo recibió de su posición en la marcada ladera en la que se ubica, poblada por praderas y pastos que han sido engullidos en parte por el pantano del mismo nombre. Lanuza era lugar importante, uno de los tres quiñones que administraban el Valle de Tena. Pueblo ganadero. Pueblo que hizo frente a las inclemencias de un clima que por aquí campa con fiera crueldad de forma que sus vecinos se vieron en la necesidad de levantar sólidas y hermosas casas de piedra y pizarra, elementos que forman el paisaje urbano de Lanuza. De entre los tejados despunta la torre de El Salvador, iglesia del siglo XIX construída sobre un antiguo templo románico y que alberga los restos de Santa Quiteria, patrona del lugar.
Y toda la vida de Lanuza se desenvuelve en pleno Valle de Tena, fronterizo, milagrosa herida en tierra pirenaica que alcanza los 3000 metros en su cota más alta, vertebrada por un Gállego salvaje y remansado, según toque, y que ha devenido en destino turístico de primer orden. Turismo cultural, de naturaleza y aventura. Las altas cumbres que resguardan Lanuza y todo el valle, paisaje de peñas e ibones. De iglesias y ermitas. Pueblos viejos y compactos que buscan el abrigo en el corazón de los Pirineos.
© 2017 Jaime Tello García


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