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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

La Orbada (Salamanca)

LA ORBADA La vieja ruta de los portugueses, la carretera que une Salamanca con Valladolid y Portugal con Europa, deja de lado por poco el casco urbano de La Orbada, bello pueblo de la comarca salmantina de La Armuña y acaso uno de los más característicos de esta tierra por la importancia de su arquitectura popular. Al norte de la carretera se alza el pequeño Barrio de San Francisco, que aberga el bellísimo y solitario frontón, estructura realzada por la …

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LA ORBADA
La vieja ruta de los portugueses, la carretera que une Salamanca con Valladolid y Portugal con Europa, deja de lado por poco el casco urbano de La Orbada, bello pueblo de la comarca salmantina de La Armuña y acaso uno de los más característicos de esta tierra por la importancia de su arquitectura popular. Al norte de la carretera se alza el pequeño Barrio de San Francisco, que aberga el bellísimo y solitario frontón, estructura realzada por la inmensidad de la llanura en que se ubica el pueblo. Y al sur se extiende el grueso del casco urbano. La Orbada es un pueblo más bien pequeño, que no alcanza los trescientos habitantes, ubicado a 819 metros de altitud, y en el que aún es posible sentir la soledad del viento mecido por sus calles entre octubre y mayo, cuando los niños y las familias abandonan el pueblo terminado el verano. El casco urbano de La Ordaba es muy compacto, y en sus bordes, hacia el sur y el oeste, se abre de forma repentina hacia los campos armuñeses que se pierden más allá del horizonte. Cercas, almacenes y altas paredes miran hacia el exterior de un pueblo que respira en las calles a las que se abren sus bellas fachadas. Calles largas y saneadas que forman la estructura urbana de La Orbada, y en ellas se alzan el ayuntamiento y la iglesia, edificios modernos, más moderno y desafortunado el primero que el segundo, y aún así el pueblo conserva una atmósfera excepcional, un entorno profundamente rural y una utilización magistral de viejas técnicas constructivas. La piedra dorada de esta tierra, el ladrillo y el revoco se combinan en un escenario perfecto de casas de baja altura, preciosas fachadas historiadas, amplios sobrados y corrales generosos, de cercas, tapias y almacenes de aperos y maquinaria.
© 2017 Jaime Tello García


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