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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Graus (Huesca)

GRAUS Llegué hasta Graus sin tiempo ni la intención de parar, en mi camino entre el Valle de Arán y Ainsa. Y en esto me topé con la magnífica estampa de su casco urbano, rematado por la Peña, la Basílica de Nuestra Señora y, aún más alto, el Sagrado Corazón. No pude menos que detenerme y paseé por sus calles, y trepé por el camino abrupto y descascarillado que trepa hasta lo más alto del cerro (actividad absolutamente recomendable para …

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GRAUS
Llegué hasta Graus sin tiempo ni la intención de parar, en mi camino entre el Valle de Arán y Ainsa. Y en esto me topé con la magnífica estampa de su casco urbano, rematado por la Peña, la Basílica de Nuestra Señora y, aún más alto, el Sagrado Corazón. No pude menos que detenerme y paseé por sus calles, y trepé por el camino abrupto y descascarillado que trepa hasta lo más alto del cerro (actividad absolutamente recomendable para aquellos que gusten de amplias vistas panorámicas). Y descubrí la belleza de esta ciudad pequeña, capital de la comarca de Ribagorza, importante núcleo prepirenáico de la provincia de Huesca. No llega a alcanzar los 4000 habitantes, y sin embargo da la talla como ciudad en la que se ha ampliado, no hace tanto, el espacio urbano con la construcción de nuevos desarrollos residenciales e industriales en las carreteras de Roda y Benasque. Ambas vías adentran al viajero en la inmensidad de los grandes Pirineos, y por tanto hacen de Graus lugar de paso y puerta de entrada del turismo que se dirige hacia la cordillera. Este hecho enlaza con el papel que ha jugado tradicionalmente la villa, emplazada en una ubicación absolutamente estratégica y defensiva, en la confluencia de los ríos Ésera e Isábena y gobernando ambos valles. Graus es una villa que estuvo fortificada, de calles estrechas de difícil trazado al pie de la montaña y del santuario, plagada de casonas y palacios, cuya vida gira en torno a la magnífica Plaza Mayor, festival cromático un tanto embalsamado por la reciente pavimentación y que sin embargo es la pieza más destacada de este laberinto urbano. Románico, mudéjar, gótico, barroco y neoclásico se dan la mano es sus edificios y forman este interesante casco histórico, nombrado Conjunto Histórico Artístico en 1975. La más genuina tradición aragonesa de ladrillo, soportales, aleros y calles umbrías de raigambre islámica, tradición que mira al futuro con optimismo mediante la rehabilitación reciente de gran parte de sus edificios. Y vigilando la ciudad, la basílica omnipresente, obra renacentista iniciada en 1538, conjunto magnífico de volúmenes trabajados bajo la amenaza de una muela que algún día reclamará su lugar, pero que por ahora forma un paisaje fascinante.
© 2017 Jaime Tello García


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