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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Cañada de Benatanduz (Teruel)

CAÑADA DE BENATANDUZ Lo más me impresionó de Cañada de Benatanduz, aparte de su ubicación difícil y oculta a las visitas (y conquistas) indeseadas, es la inmensa soledad y la profunda paz que sentí al pasear por sus calles desiertas. Un lugar perdido en lo más profundo del Maestrazgo turolense, rodeado por un paisaje tan fascinante como hostil de mesetas, profundos cañones y una vegetación serrana, en las tierras altas de Teruel en las que se ubican (en estas del …

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CAÑADA DE BENATANDUZ
Lo más me impresionó de Cañada de Benatanduz, aparte de su ubicación difícil y oculta a las visitas (y conquistas) indeseadas, es la inmensa soledad y la profunda paz que sentí al pasear por sus calles desiertas. Un lugar perdido en lo más profundo del Maestrazgo turolense, rodeado por un paisaje tan fascinante como hostil de mesetas, profundos cañones y una vegetación serrana, en las tierras altas de Teruel en las que se ubican (en estas del Maestrazgo y en las vecinas de Gúdar y Albarracín) algunos de los pueblos más elevados de España. Cañada se ubica a 1422 metros de altitud junto al profundo desfiladero del río homónimo, que ha horadado la roca caliza con gran tesón. Por un momento me siento abrumado al acercarme hasta Cañada proveniente de Cantavieja, acompañado de tanta belleza natural y cultural que no hará sino incrementarse en mi camino hacia Villarluengo.
Con apenas 50 habitantes censados, el término de Cañada de Benatanduz es lo más parecido a un desierto demográfico que por desgracia, va ganando terreno en tantos territorios del interior peninsular. Apenas alcanza el habitante por kilómetro cuadrado. Tanto espacio para disfrutar, tanta belleza que, sospecho, pasa desapercibida para tantos viajeros hábidos del ejercicio de historia, naturaleza y soledad. El lugar, antiguo paso de ganado (cañada) cuyo poblamiento parece remontarse a la dominación musulmana, de la que proviene Benatanduz, fue señorío de la Orden del Temple, ganando para sí una iglesia iniciada en el siglo XIII y un ayuntamiento renacentista que sorprenden al visitante que no esperaría encontrar en tan pequeña villa unos edificios públicos tan sólidos e imponentes. El casco urbano, dividido en tres barrios adaptados a la orografía del entorno, conforma un conjunto poco compacto, con construcciones que a veces recuerdan más a las aisladas masías que abundan en el Maestrazgo. El centro de gravedad del pueblo se ha trasladado desde el viejo barrio de Montjuí, en el que se ubicaba el desaparecido castillo y ahora se encuentra el cementerio, a un terreno más amable junto a la carretera, en el que se edificó el nuevo ayuntamiento. La presencia de amplios espacios no construidos, y de construcciones en avanzado proceso de abandono, acrecienta la sensación de serena soledad que, fuera de los meses de verano, invade cada rincón de este precioso pueblo. Cañada de Benatanduz, paisaje y soledad que imprimió en mi recuerdo un especial sentimiento de apego y nostalgia como pocos pueblos lo han conseguido.
© 2017 Jaime Tello García


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