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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Almendra (Salamanca)

ALMENDRA El pueblo de Almendra es pequeño y un tanto remoto. Tradicionalmente ha pertenecido a la Tierra salmantina de Ledesma aunque quizá por la distancia a su antigua jurisdicción, está más implicada con Vitigudino, partido judicial al que pertenece. El occidente salmantino en el que se asienta Almendra se asocia más con la dehesa y la abundante ganadería, aunque el pueblo parece mirar más a las cercanas Arribes del Duero y, sobre todo, al enorme Pantano de la Almendra, ubicado …

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ALMENDRA
El pueblo de Almendra es pequeño y un tanto remoto. Tradicionalmente ha pertenecido a la Tierra salmantina de Ledesma aunque quizá por la distancia a su antigua jurisdicción, está más implicada con Vitigudino, partido judicial al que pertenece. El occidente salmantino en el que se asienta Almendra se asocia más con la dehesa y la abundante ganadería, aunque el pueblo parece mirar más a las cercanas Arribes del Duero y, sobre todo, al enorme Pantano de la Almendra, ubicado al norte del casco urbano, que retiene las aguas del Tormes y ejerce de frontera entre Zamora y Salamanca. Es la presa la que ha dado fama al topónimo, ya que desde el muro de contención hasta los últimos remansos aguas arriba cercanos a Ledesma, todo es Almendra. Estremece pensar en la belleza sumergida bajo las aguas, en los valles y pueblos, ermitas y bosques de encinas o quejigos que desaparecieron bajo el mar mesetario que, por otra parte, ha generado un paisaje fascinante. El pueblo de Almendra ha sufrido los vaivenes de la construcción de la presa, ya que en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX sufrió un importante crecimiento demográfico fruto de la creación del poblado en el que se alojaron los obreros, e igual que vinieron, se fueron dejando la riqueza del salto a Villarino de los Aires, quince kilómetros aguas abajo, donde se instaló la turbina de generación eléctrica. Sin embargo, el casco urbano de Almendra no ha sufrido grandes cambios ni tan siquiera bajo la presión del nuevo embalse, y continua con su plácido devenir en torno a la plaza y a la iglesia. Un callejero estrecho y quebrado flanqueado de casas de baja altura, de variada arquitectura, popular o no tanto, de muros de viejas lascas y fachadas renovadas en un blanco brillante, alguna que otra ruina. Un conjunto que invita al paseo y al recogimiento.
© 2017 Jaime Tello García


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