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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Agüero (Huesca)

AGÜERO El viajero curioso no debe dejar pasar el desvío de la carretera que viene de Ayerbe y habrá de acercarse hasta Agüero y disfrutar no sólo de la fabulosa postal del pueblo en la lejanía resguardado por los Mallos conglomerados, sino del paseo agradable por las calles típicas que lo forman. Agüero queda más oculto que Riglos, el otro pueblo de los Mallos. Queda más alejado del importante corredor que forman el Gállego, la nacional y la vía férrea. …

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AGÜERO
El viajero curioso no debe dejar pasar el desvío de la carretera que viene de Ayerbe y habrá de acercarse hasta Agüero y disfrutar no sólo de la fabulosa postal del pueblo en la lejanía resguardado por los Mallos conglomerados, sino del paseo agradable por las calles típicas que lo forman. Agüero queda más oculto que Riglos, el otro pueblo de los Mallos. Queda más alejado del importante corredor que forman el Gállego, la nacional y la vía férrea. Hay que poner intención para llegar hasta aquí, ya que no queda de paso a ninguna parte. Antes de llegar al pueblo podemos tomar un desvío a la derecha y, tras una fuerte pendiente por la que es fácil transitar en coche, podremos visitar la fabulosa Iglesia de Santiago, edificio románico del siglo XII. La obra, inconclusa, es de grandes dimensiones, proyectada con planta basilical y con triple ábside, y guarda importantes relieves en sus muros desarrollados por el llamado "Maestro de Agüero". Formas que remiten de inmediato al románico pirenáico de influencia francesa, abundante y de calidad excepcional en la provincia de Huesca.
Dejo atrás el templo y llego a Agüero, pueblo precioso de la Hoya de Huesca. Agüero ha contado con una gran importancia histórica que ha dejado reflejo en su estructura urbana medieval. Surgió durante la Reconquista como avanzadilla cristiana. Durante un tiempo fue capital del llamado Reino de los Mallos, y se dotó durante la Baja Edad Media de sus más importantes edificios, que aún se conservan. Los omnipresentes Mallos guardan y abrigan su casco urbano, que cabalga entre sierras y barrancos. Las calles estrechas y sinuosas me llevan hasta su Plaza Mayor, en la que se alza el templo de San Salvador, la parroquial de Agüero, que guarda la fabulosa sorpresa de su elaborada portada románica, emplazada en el muro norte del edificio y protegida por un pórtico de arcos de medio punto. Continúo paseando por el pueblo y disfrutando de sus bellos rincones, de su arquitectura tradicional prepirenaica y de los paisajes insólitos que forman los cada vez más cercanos Mallos. El deseo por lograr una buena perspectiva de las moles de conglomerado me hace recorrer todo el pueblo hasta salirme de sus calles, algo que no es muy costoso en tiempo ya que es un pueblo pequeño. Vuelvo a mi coche y abandono Agüero con la sensación de haber descubierto una joya escondida que ha quedado al margen de la vorágine de Murillo o de Riglos, para bien o para mal.
© 2017 Jaime Tello García


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