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JAIME TELLO GARCÍA – Geógrafo, fotógrafo y viajero

Velilla de Ebro (Zaragoza)

VELILLA DE EBRO En el amplio valle que el curso del Ebro ha excavado aguas abajo de Zaragoza, en la llamada Ribera Baja que hoy es comarca administrativa, se alzan un gran número de pueblos viejos que fueron defensa de esta tierra, villas pobladas durante milenios que se asentaron en los cerros y colinas que anteceden a los páramos yermos del Bajo Martín y los Monegros. Son pueblos en cuyas cotas más altas se alzó por lo general un castillo …

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VELILLA DE EBRO
En el amplio valle que el curso del Ebro ha excavado aguas abajo de Zaragoza, en la llamada Ribera Baja que hoy es comarca administrativa, se alzan un gran número de pueblos viejos que fueron defensa de esta tierra, villas pobladas durante milenios que se asentaron en los cerros y colinas que anteceden a los páramos yermos del Bajo Martín y los Monegros. Son pueblos en cuyas cotas más altas se alzó por lo general un castillo o una atalaya, solar con frecuencia ocupado después por la iglesia parroquial, y que en sus laderas albergan el caserío que cae hasta el mismo lecho, el llano de inundación del gran río que, de tanto en tanto, provoca más de un disgusto. Velilla de Ebro es uno de esos pueblos, enclavado en la margen izquierda y orientado al sur, al contrario que el grueso de estos pueblos ribereños, que jalonan la margen derecha siguiendo la carretera de Alcañiz y Castellón.
Velilla de Ebro es un pueblo cercano aunque inaccesible, mal comunicado por una carretera que llega por el norte, sin un puente cercano que lo comunique con la tierra al sur del Ebro y con su vieja estación de ferrocarril, con razón abandonada, y carente de una carretera que, al igual que la de Castellón en la margen derecha, comunique y de acceso rápido a la ribera norte del río. Velilla es un pueblo amplio, grande, que llegó a contar con casi mil habitantes antes de que la despoblación imprimiera su huella en esta tierra áspera y expuesta del curso bajo del Ebro. Es un asentamiento antiguo, que hace más de dos milenios fue importante plaza romana, de cuyo esplendor aún se pueden visitar los restos en el yacimiento de Celsa. El emplazamiento del templo romano dedicado a Diana ocupó el lugar de la actual Ermita de San Nicolás de Bari, en lo más alto del barranco, bella construcción del siglo XVIII que mantiene las líneas románicas de su cabecera y que es, sin duda, el elemento más reconocible del perfil urbano de Velilla. Además cuenta la Ermita con su propia leyenda, la de la Campana del Milagro. Según se cuenta uno de los vanos de su campanario estuvo ocupada por una campana que llegó hasta aquí arrastrada por las aguas del Ebro, y tañía sin el concurso de humanos al presentir catástrofes venideras.
A los pies de la ermita despunta la torre mudéjar de la Iglesia de la Asunción, la parroquial del lugar, del siglo XVI aunque reconstruida con posterioridad. Por lo demás, las calles del pueblo resultan acogedoras, con numerosos miradores sobre el Ebro, con alternancia de estilos y épocas constructivas, casas estrechas y elevadas como es típico en tierras aragonesas. Y envolviéndolo todo, la crueldad de un sol abrasador de julio que entumece los sentidos y acrecienta la sensación de estar perdido en un lugar remoto, desértico y hermoso.
© 2017 Jaime Tello García


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